Hombres y mujeres son diferentes. Muchos comienzan una rutina de entrenamiento comparándose con otros y este es el primer error, pero hacerlo con el sexo opuesto es más grave todavía. Lo primero que debes hacer cuando este sentimiento toque tu puerta, por frustración en la conquista de resultados, es entender la composición genética y hormonal de hombres y mujeres, mundos aparte.

Ambos sexos tenemos las mismas hormonas, pero en distintas proporciones. Éstas controlan todo: la pérdida de grasa, el aumento del músculo, la fuerza, las emociones, los patrones de sueño y hasta la reproducción.

No es un mito que los hombres adelgazan más rápido que las mujeres, tienen más testosterona. ¡Obvio! Esto hace que quemen grasa más fácilmente. Ellos, además, tienen el doble de músculo y casi la mitad de la grasa que una mujer con proporciones similares a las suyas. Así que no hay que competir con los chicos, genéticamente tienen ventaja. Pero, nosotras contamos con otras ventajas.

Tenemos más hormona de crecimiento o peptídica y segregamos más estrógeno, que en niveles normales ayudan a aumentar el músculo y perder grasa. Además, somos más resistentes y tolerantes al dolor, aunado a un mejor desempeño en actividades de moderada y larga duración.

De modo que ninguno puede entrenar ni comer igual que el otro, hombres y mujeres, son diferentes.

Para evitar estas comparaciones, a veces absurdas, dejaré a cada uno una corta recomendación basada en mi experiencia como coach fitness.

Si eres mujer, pierdes grasa en el abdomen y no en los muslos o tríceps, como los hombres, debes incrementar el consumo de fibra en tu dieta, puesto que está relacionado con un exceso de estrógeno. Por otro lado, los hombres odian la grasa en los pectorales, y esto tiene que ver con deficiencia de testosterona. En este caso, debes hacerte un chequeo médico para revisar si es adecuada la indicación de suplementos que incrementen su producción.