Las barras de proteínas comerciales son una buena opción, sí… ¡para los apurados! Únicamente. No deberían sustituir una comida a diario, ni convertirse en el alimento infalible en la “lonchera”, o el bolso en el que llevas tu comida. Muy ricas y todo, pero cuidado con las barras proteicas, no todas son buenas, no tienen casi nada natural, algunas son muy procesadas y con muchos polialcoholes, por lo que suelen caer muy pesadas en el organismo. Esto no es bueno para su “target” de atareados, pues generará más problemas, a largo plazo, del que creen haber solucionado comiéndolas. ¡Pilas!

Si te dejas convencer por una barra comercializada, que sea solo en caso de emergencia. Por eso, lo recomendable es que revises con atención la ficha nutricional, ya que podrías terminar comiendo una chuchería o dulce disfrazado. Así que te invito a revisar estos poderosos tips para escoger una barra de proteína, y estar alerta a la hora de consumirla, no olvidemos la norma: lo ideal es comer 85% natural y solo el otro 15% incluye cosas procesadas que te gusten.

Por eso insisto: Cuidado con las barras proteicas. Debes aprender a diferenciar el contenido saludable que contienen para decidir si realmente cubre tus necesidades alimenticias. Las verdaderamente buenas son difíciles de conseguir en países como Venezuela, o muy costosas en otros lugares del mundo. Pero hay solución para eso: barra de proteína casera.

Una preparación que además te ayuda a controlar los ingredientes y también el bolsillo, porque terminan por ser más económica y cero complicada de hacer; además que, de acuerdo con los interesados en casa, podrá rendir más porciones. Esta receta sin azúcares puede prepararse con diversos añadidos, es alta en fibra y sodio, lo que te invita a evitar esto último en otros alimentos con mucha sal durante las comidas.