¿Alguna vez has experimentado esa motivación, determinación, y euforia al momento de probar algo nuevo? ¿Conoces esa sensación, esa emoción que te impulsa a hacer las cosas al 100% cuando decides cambiar? ¿Has sentido esa convicción de tomar decisiones determinantes para mejorar tu salud, esas ganas de querer hacer todo bien y ese positivismo? Seguro que sí, pero debes saber que esa sensación no dura para siempre, solo estará presente por unos días o un par de semanas, y tu verdadero compromiso y dedicación se hará notar cuando la emoción se haya ido, cuando el cansancio haya llegado, y con él, el aburrimiento y la duda.

Si antes llevabas un estilo de vida sedentario, tu alimentación no era muy balanceada y tus hábitos no eran los mejores, y tomaste la decisión de cambiar ese estilo de vida por uno más saludable, donde la dieta y el ejercicio te permitieran verte y sentirte mejor, probablemente experimentaste esa sensación de la que ya hemos hablado, esa motivación y ese pensamiento de “¡Vamos a lograrlo!”. Tal vez hasta decidiste salir corriendo a comprar toda la comida que necesitabas para estar en forma, trazaste un plan de acción y hasta te compraste ropa nueva para ir al gimnasio, pero la emoción duró muy poco y cuando te diste cuenta de que las cosas no serían tan fáciles, decidiste tirar la toalla… y la verdad es que nada dura para siempre, pero es tu trabajo mantenerte enfocado y hacer que ese empuje, esa fuerza que te llevó a tomar a la iniciativa de cambiar no desaparezca del todo.

Todo aquello que vale la pena requiere esfuerzo. A todos nos da fastidio, todos tenemos momentos bajos, pensamientos negativos, pero la mente es muy poderosa, no dejes que te controle, ¡contrólala tú a ella! Si crees que puedes, ¡lo harás!, esto no es una carrera, es un proceso. No te obsesiones con el resultado final, concentra toda tu atención en hacer las cosas bien un día a la vez y verás cómo los resultados llegan solos.

Tal vez parezca un poco complicado porque, cuando menos lo esperamos, la vida nos trae desafíos que ponen a prueba nuestro coraje y nuestra voluntad de cambiar, pero en un momento así no tiene sentido pretender que no ha pasado nada, no tiene sentido hacernos los locos, no tiene lugar la indiferencia. El desafío no va a esperar, la vida no mira hacia atrás.

Hagas lo que hagas necesitas coraje. Siempre alguien te dirá que estás equivocado, que no puedes. Siempre aparecerán dificultades y tropiezos que te tentarán a creer en todos aquellos que te dijeron que no lo lograrías.  Ahora, para trazar un plan de acción y seguirlo hasta el final necesitas valentía. La paz viene con las victorias, pero se necesita ser valiente para ganarlas. Sabemos que es difícil y hasta puede aterrarnos, pero solo podemos ser valientes en el momento en que tenemos miedo.

La valentía no es la ausencia del miedo, es reconocer que hay algo más importante que el mismo miedo.

No le temas a tus miedos, no están ahí para asustarte, ¡están para hacerte saber que hay algo que vale la pena! Así que, ¡aprovecha la euforia y la emoción, porque no durarán para siempre!